Fernández encabezó ordenación diaconal de Héctor Gaitán

Religiosas 17/02/2021 Por Leonardo Cáceres
Así expresó el obispo Fernández en la homilía realizada en la noche del lunes durante la misa en la parroquia San Cayetano con motivo de la ordenación diaconal de Héctor Gaitán. “Predicarás lo que escucharás en tu corazón y que el Espíritu irá diciendo”, agregó.

El obispo Luis Alberto Fernández presidió en la noche del lunes la misa de ordenación diaconal de Héctor Gaitán como diácono permanente en la parroquia San Cayetano, ubicada en el barrio Amancay de nuestra ciudad. A continuación, se transcribe la homilía pronunciada por el obispo diocesano:
La vocación diaconal no nace de la “nada”, ni tiene su origen en las realidades de este mundo, ni aún en sus necesidades. Tampoco es algo “mágico”, ni nace por el “mérito o cualidades humanas”. Tiene su origen en el misterioso amor infinito y misericordioso de Dios.
Nos acaba de narrar la palabra de Dios en la primera lectura la vocación del profeta Jeremías: “Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes que salieras del seno, yo te había consagrado”.
Es Dios mismo el que ha tomado la iniciativa, el Señor de la historia, en quien todo tiene su origen, el que existe desde siempre, desde donde se desprendió y tiene su origen toda existencia.
Es allí, en la misericordia del Padre, que tiene su principio este llamado al diaconado permanente, esa ternura y bondad de Dios, es el origen y que en Cristo su Hijo, ha elegido, llamado Héctor Gaitán. Continuaba el texto bíblico diciendo: “Te constituí profeta para las naciones”.
No es un llamado “autorreferencial” para uno mismo, sino para “servir”. Se le entrega el orden sagrado del diaconado para ayudar a los demás. El “servicio” es su ser, porque participará desde ahora del “ser”, del mismo Cristo, enviado al mundo para “servir a la humanidad”, entregando su vida por todos nosotros. Esto es lo que te distinguirá en adelante, no es un “delivery” lo recibido, ni se te encomienda un mero trabajo pastoral en la Iglesia. Serás presencia en medio del pueblo de Dios de la ministerialidad diaconal de Cristo servidor de los hombres.

El llamado de Dios
Por eso ante tan profundo “llamado” del mismo Dios, asombró en la escritura proclamada, antes que nada la “libertad”, que ofrece Dios a quien llama, como hemos escuchado, posibilitando el diálogo, la comunión. Dios nunca impone, no atropella, ni avasalla a la creatura humana. Todo llamado es una respuesta libre, que se realiza en el horizonte, que hace el “encuentro y la cercanía”, de un Padre Dios, abierto a la escucha de sus hijos.
Es verdad que ante la cercanía de lo trascendente e inmutable todopoderoso, Creador de cielo y Tierra, aparezca la “pequeñez y nuestra vulnerabilidad”, ante la conciencia de tanta distancia y tiempo de infinitud, de Quien es presencia amorosa y eterna, por eso salió naturalmente de la respuesta de la boca del profeta: “Señor mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven”. (“Mil años ante Dios, son como el día de ayer que pasó”).
Pero no es un diálogo entre desconocidos, de separaciones oscuras y anegadas, ni entre callados y misteriosos principios sin vida, ni de pensamientos que aunque brillantes, pueden estar escritos en tablas de piedra, o en grandes imprentas y hasta en tablet e Instagram, sino que es un hijo que le responde a su Padre, desde la misma ternura emotiva creada a su imagen. FUENTE: CASTELLANOS.

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