“El Señor resucitado llena de vida, ternura, bondad y encuentro”

Regionales 05/04/2021 Por Alejandro Alanda
Así testimonió el obispo Fernández durante la homilía de anteanoche para celebrar la resurrección de Jesús en el templo mayor de la diócesis de Rafaela. “Se vuelve a manifestar como el Dios único y verdadero, el que existe desde siempre y el que vive”, agregó.
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Después de la pasión y muerte de Jesús (jueves y viernes santo), la vigilia pascual fue celebrada por los cristianos en distintos lugares del mundo para testimoniar la resurrección del hijo de Dios.
En la Catedral San Rafael fue presidida por el obispo diocesano Luis Fernández y concelebrada por el vicario parroquial Ariel Botto y el sacerdote emérito español Faustino Torralbo, con una cantidad de gente limitada en 80 personas por los protocolos de la pandemia.
La ceremonia comenzó en el atrio del templo mayor de la diócesis con el fuego nuevo que fue bendecido y el cirio pascual que es la presencia de Cristo y luz del mundo, para luego ingresar en las “tinieblas” del interior con las luces totalmente apagadas.
Entonces, fue el turno de las cinco lecturas del Génesis, Exodo, del profeta Ezequiel (Antiguo Testamento), la carta de San Pablo a los cristianos de Roma y el evangelio según Sos de los salmos.
“En medio de las distintas circunstancias de la historia a vivir, llega la cuaresma, la semana santa y esta vigilia con el domingo de resurrección los cristianos palpan y viven la alegría de Dios, recién proclamada en la Palabra que ha transmitido a nuestros corazones”, expresó el titular de la Diócesis al inicio de su homilía.
Y agregó: “Como en las lecturas nos han proclamado, Cristo ha vencido y vence con la vida. En la primera con la creación, cuando no existía nada ahí apareció la palabra de Dios y empezó la vida porque el único capaz de sacar de la nada la existencia es Dios, no lo puede hacer la ciencia ni la técnica”.
Respecto a la segunda lectura del libro del Exodo, Fernández dijo que “ese pueblo de Israel que estaba esclavizado con su líder Moisés, fue Dios haciendo esa Pascua donde el pueblo fue encontrando Aquel que lo podía sacar de la esclavitud y lo iba llevando a una tierra prometida. Lo fue acompañando y liberando, y sacando de la muerte al pueblo que era esclavizado, llevándolo con ternura y exigencia a nueva tierra nueva”.
Después a la tercera lectura sobre el profeta Ezequiel: “Dios había sido vituperado y difamado, el pueblo se había olvidado del mismo Dios, sin embargo Dios vuelve a mostrar que es la vida, la misericordia, la ternura, la compasión; no lo hago por ustedes sino por mi propio nombre, dice Dios. Se vuelve a manifestar como el Dios único y verdadero, el que existe desde siempre y el que vive”.
Por eso, “el apóstol Pablo nos decía lo que es capaz de hacer el bautismo en nuestra vida. Por este motivo, Dios amó tanto al mundo que cuanto más lo tratan de matar y que Dios no existe, Él más se hace presente, se entrega y se da. En la cruz lo vivíamos el Viernes Santo cuando el solado le atravesó el costado, aunque ya estaba muerto, es capaz de nacer la Iglesia, por eso los sacramentos, el bautismo, como lo fue explicando San Pablo. Entrando con Cristo en la muerte, verdaderamente también podemos resucitar”.
En otra parte de su sermón, el obispo sostuvo que “El nos pedía tanto al comienzo de la cuaresma, síganme, tomen su cruz, vamos a Jerusalén a morir, pero para vivir para siempre”.

Cristo resucitado

En la oportunidad, se proclamó el evangelio según san Marcos en la que se narra las mujeres (María Magdalena, María, la madre Santiago) fueron al sepulcro para llevar perfumes al cuerpo de Jesús, pero quedaron sorprendidas al ver corrida la piedra del sepulcro y la presencia del Angel que les dijo: “No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho”. (Mc. 16, 6-7).
Sobre este evangelio, el obispo señaló que “estas mujeres del evangelio, que siempre permanecen de pie, que tienen un corazón de madre, que tienen esa vida de mujer que intuyen que cuando todo parece que está muerto y parece no hay vida, sin embargo la mujer siempre cree en la vida.., fueron a ver un muerto con los perfumes, esa intuición y esa fortaleza es cuando le anuncian: miren que aquel que ustedes vienen a ver ahora vive”.
En los tramos finales de su homilía, Fernández enfatizó que ahí “está Dios en medio de nuestra historia y nuestro mundo, estuvo allá en la creación y de la nada surgió la vida, estuvo con el pueblo judío y de la esclavitud lo llevó a la tierra prometida. Aunque lo difamen y lo denigren, en medio de este mundo de hoy pareciera que Dios no existe o es un ser lejano, hasta nosotros mismos a veces dudamos de El y nos preguntamos si verdaderamente existe; qué bueno que aparezca la Pascua, esta noche del Señor resucitado y nos vuelva a llenar de lo que sólo sabe llenar Dios: de vida, de ternura, de bondad, de encuentro, de saber compartir, de poder vivir como hermanos, de aceptarnos con paciencia, de saber creer, tener fe y caminar en la alegría del aleluya para siempre, que es la pascua del Señor”.
A continuación continuaron los ritos de la vigilia pascual con el rezo de las letanías invocando a los principales santos de la historia, la bendición del agua bautismal, bendición del agua a los presentes, la renovación de las promesas bautismales, la consagración, la eucaristía, entre otros.
Al final de la ceremonia, que duró casi dos horas, hubo un momento de agradecimiento con un gesto hacia María (bajo la advocación de Guadalupe, patrona de la diócesis de Rafaela): “acercarnos a la santísima Virgen, mujer que estuvo junto a la cruz”, recordó el obispo Fernández.

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