
Chau "Negro", gracias por todo, tu marca será indeleble
Alejandro AlandaResulta lógico, y hasta es normal en las cuestiones del deporte, que los procesos lleguen a su finalización. Esto se puede dar, lógicamente, por diferentes motivos y circunstancias. Lo que no resulta justo, en esa “lógica” de la competencia y en un contexto de sociedad exitista en la que estamos inmersos en lo cotidiano, es que “casi siempre” los que se van, terminan condenados a hacerlo por la puerta del patio.
Con el agravante, e insisto que sucede en la mayoría de los casos, no se tiene en cuenta todo lo brindado en un determinado período de tiempo. Y no se trata de medir lo entregado solo en logros, pues eso es una circunstancia del trabajo realizado en ese proceso, más una necesaria cuota de fortuna. Se trata, por el contrario, de medir en tiempo real de vida, cada uno de los momentos generados a través del vínculo respetuoso entre las personas que intervienen en el citado ciclo.
¿Se puede terminar?, sin dudas.
¿Está bien?, se debe analizar considerando todas las aristas posibles.
Ahora, nuevos interrogantes, ¿Cómo terminar? y ¿Por qué hacerlo?
Ese “por qué” siempre encontrará posiciones antagónicas, no caben dudas. Se trata de la subjetividad de las partes intervinientes. Pero, “como terminar”, no debería ameritar discusión alguna, simplemente porque cada uno de los protagonistas debe tener el lugar que se merece. Naturalmente por lo hecho, que no fue solo por el bien personal, sino por el derrame generado en las más variadas expresiones de una comunidad.
Consumado el desenlace, entiendo irreversible, no podemos dejar de citar que existen decisiones que cotizan en las gradas. Nombres que por peso propio seguirán por siempre en el sentir popular, ese mismo que no resuelve el fin de un proceso, pero que será eternamente el que guarde en lugares de privilegios los momentos vividos con el protagonismo de quienes tal vez hoy se despiden de la manera que no merecen.
Y nadie pretende una gran fiesta, se coloque una alfombra o terminen denominando a un espacio físico determinado con el nombre de tal o cual individuo; creo que solo se trata de tener memoria, y fundamentalmente, no tratar de trasformar a ídolos en desconocidos.
Sin desconocer que ese tipo de actitudes, también suelen derivar en innecesarios contubernios, que lejos que construir en lo social y deportivo, terminan destruyendo los principales pilares que deben sostener a una institución, formar personas de bien.
El tiempo, que todo lo cura, seguramente convertirá este impacto con sonido de chicharra en una falta técnica de gran polémica, y en un momento tal vez inesperado del partido; al mismo tiempo que el archivo se encargará de marcar con estadísticas contundentes, el aporte individual y colectivo de un loco apasionado que se encargó de llevar al deporte de sus amores – casi en soledad – a lugares impensados.
Y reitero lo expresado en el inicio de la nota: “No estamos nosotros para juzgar cuestiones humanas, personales y mucho menos condiciones y capacidades laborales; pero nos permitimos ofrecer un breve análisis de un desenlace que a muchas personas les generó alguna “mueca” por la forma en la que se dio. Además, nobleza obliga, tenemos la necesidad de agradecer a quien siempre nos atendió con amabilidad y respeto. Ojalá haya experimentado la misma sensación en cuando a nuestro trabajo, deseando el mayor de los éxitos para lo que depare el tiempo por venir”.
Aquí les compartimos un gran trabajo realizado (el 15 de Julio de 2020) por el periodista Gabriel Erard, quien en su tiempo en Radio San Vicente como responsable de los informes deportivos, logró un memorable programa al conmemorarse el 30º aniversario del ASCENSO DE BROWN A LA LIGA NACIONAL B


Desde Radio San Vicente felicitaciones a Guille, un verdadero embajador del básquetbol sanvicentino. Ganador de muchos títulos en su etapa como jugador, y que continúa sumando pergaminos ahora como formador.









