
EFRAÍN COLOMBO PRESENTÓ SU SHOW “Y LA VIDA VA…”
Alejandro Alanda

CELEBRAR EL DESTINO DEL PROPIO CANTO
El niño rafaelino que ayer se plantaba en las reuniones familiares a entonar versos de otros, hoy es un cantor santafesino que suelta al viento su palabra y en el escenario se sabe invencible, como su provincia. Y como este cantor ha nacido del pueblo y su sueño se fue cobijando entre familia y amigos, conoce con certeza que el buen destino es siempre con otros. Con esa convicción, se vistió de anfitrión, abrió de par en par las puertas y ventanas de su pecho, y celebró el camino hasta aquí andado. Porque detrás de cada canción, siempre hay un encuentro. Y la vida va…
Este viernes 12 de junio, Efraín Colombo presentó su nuevo show en el Teatro Luz y Fuerza de la ciudad de Santa Fe. “Y la vida va…”, un recorrido de canciones por sus 40 años de vida. Esas melodías que le marcaron el camino y aquellas otras que él puso a andar de su puño para indicar la propia huella.
El espectáculo se presenta delicadamente emotivo, una pausa en la biografía personal del artista de la que uno como público sale preguntándose: ¿hasta dónde es posible comandar el rumbo de la propia vida? Pero quien nace para cantar sabe de su poder diminuto, de sus mínimas posibilidades. Y sin mucho pensar decide poner el corazón en cada detalle, para que el amor sea guía y con el pulso de su sangre todo corra sin apuros y se agigante.
“Y la vida va…” es un canto que dibuja pureza del alma, orígenes y memoria, contemplación y destino latiendo al calor del presente. Un escenario que es abrazo, fraterno fogón de amigos en el que Efraín nos advierte: “voy cantando lo que pienso, lo que siento, lo que soy”. Y así, como el hornero, con su trino nos invita a habitar el nido construido. Porque maduro en su sentir, este juglar conoce que hay otros muchos que sueñan su mismo sueño y, por eso, los convida a habitar su barrio de poesía y acordes, así como cuando niño le tendieron la mano para que él comience a desandar su senda.
Feliz a cada paso, lo vimos este viernes a Efraín recorrer todos los rincones del escenario, enérgico, inquieto y fulgoroso. Es que allí vuelve al pequeño que atesora la solidaridad como esencia del canto. Porque quizás la única forma de ir junto a la vida sea jugando el juego con otros, con la seriedad y el compromiso del niño que al reconocer el mundo se reconoce a sí mismo.
Así vamos lanzados rumbo a los sueños, tejiendo las redes que nos sostienen para latir acompasados. Y porque estamos siendo, queda abierto el final de esta historia contada en canciones, pinturas, danza y poesía. Todo en un relato armonioso y escénico.
Se encienden las luces de la sala, al calor de los aplausos de un público de pie y el cantor maduro con brillo infante en los ojos, ofrenda tiernamente una pluma a cada uno de los invitados a su fiesta. Al mismo tiempo, su voz satisfecha y emocionada, los invita a volar el propio vuelo, a escribir la historia personal… Porque como nos enseñan los versos que él nos entona “no tiene precio la decisión” y “nunca es tarde para empezar”.
Autor: Matías Beltramino / Fotos: Amaia Vaez















